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¿Cuántas personas recuerdan sus sueños?

Casi todo el mundo sueña, pero con qué frecuencia recuerda cada quien sus sueños varía enormemente de una persona a otra. Este es un panorama con datos sobre la frecuencia de recuerdo de sueños: qué tan común es recordar, cómo cambia con la edad, el sexo y el interés por los sueños, por qué no coinciden las cifras publicadas y por qué recordar pocos sueños o ninguno es una variación normal entre personas sanas, no un problema.

Última revisión científica ·

Todo el mundo sueña. La investigación del sueño muestra que quienes duermen de forma saludable atraviesan varios períodos en los que sueñan cada noche, recuerden o no alguno de ellos al día siguiente. Por eso la versión honesta de la pregunta '¿cuántas personas recuerdan sus sueños?' no trata en realidad de quién sueña —casi todos lo hacen—, sino de quién despierta conservando algo de eso. En ese punto el panorama es claro a grandes rasgos y enredado en los detalles: recordar sueños es común, pero con qué frecuencia lo logra cada quien varía muchísimo de una persona a otra. Un puñado de factores modestos —la edad, el sexo y qué tanto le interesan a alguien sus propios sueños— explica parte de esa dispersión; las encuestas publicadas no coinciden en las cifras exactas por una razón que resulta medible; y, sobre todo, recordar pocos sueños o incluso ninguno es una variación normal entre personas sanas, no un problema que haya que corregir ni un síntoma del cual preocuparse.

¿Qué tan común es recordar los sueños?

Frecuencia de recuerdo de sueños
Con qué frecuencia una persona recuerda sus sueños a lo largo de un período determinado; suele contarse como la cantidad de mañanas o noches por semana o por mes en las que despierta con un sueño recordado. Mide el hecho de recordar un sueño, no si hubo actividad onírica, y es distinta de la viveza o el contenido de cualquier sueño en particular.

Si le preguntas a un grupo grande de personas con qué frecuencia recuerdan sus sueños, obtienes un abanico amplio de respuestas en lugar de una única cifra típica. En un extremo están quienes despiertan con un sueño recordado casi todas las mañanas; en el otro, quienes pasan semanas sin recordar ninguno. La mayoría se ubica en algún punto intermedio y recuerda sueños al menos de vez en cuando. Existen personas que dicen no recordar prácticamente nunca un sueño, pero son una minoría pequeña; y hasta a ese grupo conviene describirlo como alguien que recuerda rara vez, no como alguien que nunca sueña, ya que soñar y recordar un sueño son dos cosas distintas. Es tentador querer una estadística limpia —'el X por ciento de las personas recuerda sus sueños'—, pero cualquier número de ese tipo depende mucho de cómo se formule la pregunta y de qué ventana de tiempo abarque, y por eso este artículo describe el recuerdo de manera cualitativa en lugar de fijarlo en una sola cifra de titular.

Quién recuerda más: edad, sexo e interés por los sueños

Parte de la diferencia entre las personas va de la mano con la edad. En promedio, el recuerdo de sueños tiende a ser mayor en la adolescencia y la juventud, y a disminuir hacia la mediana edad y la vejez. Vale la pena tener cuidado con lo que esto significa y lo que no. La tendencia es suave y promedio, válida para grupos grandes, no un calendario que cada persona siga al pie de la letra, y la edad da cuenta apenas de una porción modesta de la variación total en el recuerdo: hay muchos adultos mayores que recuerdan sueños con frecuencia, y muchos jóvenes que rara vez lo hacen. Y algo fundamental: recordar sueños con menos frecuencia a medida que uno envejece es un rasgo corriente del curso de la vida, no una señal de deterioro cognitivo, de una enfermedad de la memoria ni de demencia. Recordar menos sueños que antes no dice nada diagnóstico sobre tu cerebro.

Un segundo patrón, más pequeño, tiene que ver con el sexo. Promediando muchos estudios, las mujeres reportan recordar sus sueños un poco más seguido que los hombres. Las palabras clave son 'promediando' y 'un poco': la diferencia es pequeña, varía con la edad y los dos grupos se superponen tanto que conocer el sexo de alguien dice muy poco sobre con qué frecuencia esa persona, en particular, recuerda sus sueños. Se trata de una tendencia promedio modesta, no de una división tajante: hay muchos hombres que recuerdan sueños con frecuencia y muchas mujeres que rara vez lo hacen. Por qué existe esa pequeña brecha no está del todo resuelto, y una parte podría reflejar diferencias de actitud e interés más que algo propio del sueño en sí.

Ese último punto conduce a lo que es, algo sorprendentemente, uno de los correlatos más fuertes del recuerdo de sueños: la actitud de la persona hacia sus sueños. Quienes encuentran los sueños interesantes y dignos de atención tienden a reportar que los recuerdan más seguido que quienes los desestiman. En comparación, los rasgos amplios de personalidad hacen relativamente poco. De los muy estudiados 'cinco grandes' rasgos, solo la apertura a la experiencia muestra siquiera un vínculo débil con el recuerdo, y los demás muestran, en el mejor de los casos, asociaciones tenues o indirectas. Aquí importan dos advertencias. Primero, se trata de correlaciones, no de causas comprobadas. Segundo, la dirección del vínculo entre actitud y recuerdo está genuinamente en debate: no está claro si valorar los sueños ayuda a recordarlos, si recordar sueños vívidos lleva a valorarlos, o si una actitud interesada simplemente hace que la gente note y reporte más de lo que ya recordaba. Por eso sería un error decir que preocuparse por los sueños causa que uno los recuerde; lo honesto es afirmar que el interés y el recuerdo van juntos, por razones que todavía se están dilucidando.

¿Por qué no coinciden las cifras publicadas?

Si te pones a buscar una cifra firme sobre con qué frecuencia la gente recuerda sus sueños, encontrarás estudios que parecen no coincidir entre sí. Buena parte de ese desacuerdo no es una contradicción, sino una pista, y se reduce a cómo se mide el recuerdo. Hay dos enfoques principales. Un cuestionario retrospectivo pide a las personas que estimen, de memoria, con qué frecuencia suelen recordar sueños: un juicio rápido y de conjunto. Un diario de sueños prospectivo pide anotar cada mañana, en el momento, si se recuerda un sueño. El método del diario casi siempre arroja cifras de recuerdo más altas que el cuestionario, porque registrar un sueño apenas uno despierta atrapa fragmentos fugaces que una estimación posterior, hecha de memoria, redondea a la baja o deja en el olvido sin darse cuenta. Este efecto de medición es lo más útil que conviene tener presente al leer una estadística de titular sobre el recuerdo de sueños: buena parte de la distancia entre el número de un estudio y el de otro no proviene de las personas estudiadas, sino de cómo se contabilizó su recuerdo. Y esto no significa que las escalas estándar de los cuestionarios sean poco fiables —miden de forma consistente de una persona a otra—, sino solo que los cuestionarios y los diarios contabilizan el recuerdo de maneras verdaderamente distintas.

EnfoqueCuestionario retrospectivoDiario de sueños prospectivo
Qué hace la personaEstima de memoria su recuerdo habitual, en una sola sesiónAnota cada mañana, al despertar, si recordó un sueño
Qué captaUna impresión de conjunto del recuerdo típicoEl recuerdo tal como ocurre, incluidos los fragmentos tenues
Dirección típica de la estimaciónMás baja: los sueños fáciles de olvidar se redondean a la bajaMás alta: se atrapan más sueños antes de que se desvanezcan
Principal fortalezaRápido, estandarizado y fiable de una persona a otraMenos afectado por el olvido y por el sesgo de la memoria posterior
Principal limitaciónSe apoya en la memoria y en un autojuicio puntualDepende de la atención y la constancia diarias, y el propio acto de registrar podría elevar el recuerdo
Dos maneras de medir el recuerdo de sueños, y por qué no coinciden

Quienes recuerdan mucho y quienes recuerdan poco: ¿hay una diferencia en el cerebro?

Una pregunta que surge naturalmente a continuación es si las personas que suelen recordar muchos sueños se diferencian, de algún modo físico, de las que rara vez lo hacen. Un número reducido de estudios de neuroimagen ha comparado a quienes recuerdan muchos sueños ('grandes recordadores') con quienes rara vez lo hacen ('escasos recordadores') y ha reportado algunas diferencias: en qué tan reactivo es el cerebro a los sonidos durante el sueño y la vigilia, y en la actividad e incluso la estructura de regiones como la unión temporoparietal y la corteza prefrontal medial. Son hallazgos intrigantes, y hay que leerlos con verdadera cautela. Provienen de muestras pequeñas, son correlacionales y son preliminares: un indicio, no un hecho establecido sobre la población. Igual de importante: una diferencia en la actividad o la estructura cerebral entre quienes recuerdan mucho y quienes recuerdan poco no es un déficit ni una anomalía; es el correlato de una diferencia humana corriente y no dice nada diagnóstico sobre la salud cerebral ni la inteligencia de nadie. Y como el cerebro se moldea por lo que hacemos de forma repetida, algunas de estas diferencias podrían ser una consecuencia de notar y repasar sueños de manera habitual, más que una causa de un mejor recuerdo; hacia qué lado apunta la flecha sigue sin resolverse.

Errores frecuentes

  • Que un porcentaje fijo de personas 'recuerda sus sueños' y el resto no. No existe una única tasa establecida; el recuerdo se reparte a lo largo de un rango amplio, y cualquier número de titular depende mucho de cómo se lo haya medido.
  • Que no recordar sueños significa que no sueñas, o que algo anda mal. Soñar y recordar un sueño son cosas distintas; casi todo el mundo sueña, y recordar poco o nada es una variación normal, no un trastorno ni una señal de alarma.
  • Que recordar más sueños implica un cerebro más sano, más ágil o más creativo. La frecuencia de recuerdo no es una medida de la salud cerebral, la calidad de la memoria ni la inteligencia.
  • Que interesarte por tus sueños es lo que hace que los recuerdes. La actitud y el recuerdo están correlacionados, pero la dirección está en debate y no se ha establecido ninguna causa simple.
  • Que la frecuencia con la que recuerdas sueños revela algo sobre tu salud mental o tu personalidad. No lo hace: la frecuencia de recuerdo no es un signo diagnóstico ni un test de personalidad.

Lo que sabemos

  • Recordar sueños es común, pero con qué frecuencia se logra varía mucho —desde casi todas las mañanas hasta rara vez—, y un recuerdo cercano a cero lo reporta apenas una minoría pequeña.
  • La edad, el sexo y la actitud hacia los sueños son predictores reales pero modestos: el recuerdo tiende a ser algo mayor en las etapas más tempranas de la vida y, en promedio, un poco mayor en las mujeres, y va de la mano con una actitud interesada hacia los sueños.
  • La forma de medir el recuerdo influye mucho en la tasa reportada: los diarios prospectivos suelen arrojar cifras más altas que los cuestionarios retrospectivos.
  • Recordar pocos sueños o ninguno es una parte normal de la variación humana y no es, por sí solo, señal de ningún trastorno ni de un problema cerebral.

Lo que no sabemos

  • No hay una cifra única y consensuada sobre con qué frecuencia la gente recuerda sueños; las estimaciones dependen mucho del método de medición y de la población muestreada.
  • Por qué el recuerdo varía tanto entre las personas se entiende solo en parte, y los predictores conocidos, en conjunto, explican una porción limitada de las diferencias.
  • Si las diferencias cerebrales observadas entre quienes recuerdan mucho y quienes recuerdan poco son una causa de la diferencia de recuerdo o una consecuencia de recordar sueños de manera habitual sigue sin resolverse, y los hallazgos neuronales provienen de muestras pequeñas.

La respuesta breve, y hacia dónde seguir

Entonces, ¿cuántas personas recuerdan sus sueños? La mayoría los recuerda al menos a veces, unas pocas los recuerdan casi todas las mañanas y una minoría pequeña casi nunca lo hace, con una amplia dispersión normal en el medio, moldeada por la edad, el sexo, la actitud y, no menos importante, por cómo se mida el recuerdo. Las diferencias entre las personas son reales pero modestas, la ciencia aquí es descriptiva y no diagnóstica, y un recuerdo bajo es simplemente uno de los extremos de un rango humano corriente. Si quieres seguir explorando en Oneirica, hay temas relacionados que abordan cómo el ciclo del sueño y sus etapas preparan el escenario del soñar y —un asunto genuinamente distinto del recuerdo común— quiénes suelen tener sueños lúcidos y con qué frecuencia. Este artículo trata del recuerdo de sueños en general, no del sueño lúcido, que es un tema aparte.

¿Con qué frecuencia recuerda sus sueños una persona promedio?

No existe una cifra única y confiable. Recordar sueños es común —la mayoría los recuerda al menos de vez en cuando—, pero la frecuencia varía mucho de una persona a otra, desde casi todas las mañanas hasta rara vez. Cualquier 'promedio' que veas depende mucho de cómo midió el recuerdo el estudio: los diarios de sueños completados cada mañana suelen dar cifras más altas que los cuestionarios que piden estimar de memoria. Por eso es más exacto hablar de un rango normal amplio que de un único número típico.

¿Es normal no recordar nunca mis sueños?

Recordar rara vez o nunca los sueños entra dentro del rango normal de la variación humana. Casi todo el mundo sueña mientras duerme, pero recordar un sueño es otra cuestión, y algunas personas sanas recuerdan muy pocos. Un recuerdo bajo no es, por sí solo, señal de un trastorno del sueño, de un problema cerebral ni de pérdida de memoria. Si tienes preocupaciones específicas sobre tu sueño o tu memoria por otras razones, un profesional de la salud calificado es la persona indicada para consultar; pero el recuerdo en sí no es un diagnóstico.

¿Por qué algunas personas recuerdan sus sueños más que otras?

Parte de la diferencia va de la mano con unos pocos factores modestos: el recuerdo tiende a ser algo mayor en las etapas más tempranas de la vida, un poco mayor en promedio en las mujeres y mayor en quienes se interesan por sus sueños. Pero, en conjunto, estos factores explican solo una parte de la variación, y buena parte de por qué las personas difieren tanto todavía no se comprende bien. También importa cómo se mide el recuerdo: quienes prestan atención cada mañana tienden a recordar más, lo que refleja atención y hábito tanto como cualquier rasgo fijo.

¿Las mujeres recuerdan sueños más seguido que los hombres?

En promedio, un poco; pero la diferencia es pequeña, varía con la edad y se superpone tanto entre las personas que dice poco sobre un individuo en particular. Hay muchos hombres que recuerdan sueños con frecuencia y muchas mujeres que rara vez lo hacen. Una parte de la brecha podría reflejar diferencias de interés y atención hacia los sueños más que algo propio del sueño en sí. Es una tendencia promedio, no una regla tajante.

¿Puedo entrenarme para recordar mis sueños más seguido?

Para muchas personas, el recuerdo aparente sí aumenta con un hábito sencillo: llevar un diario de sueños y anotar lo que recuerdes apenas despiertas, antes de que se desvanezca. Esto suele reflejar que atrapas más de los sueños que ya estabas teniendo, no que sueñas más. Prestar atención a tus sueños y valorarlos también tiende a acompañar un mayor recuerdo. Nada de esto es obligatorio, de todos modos: recordar pocos sueños es perfectamente normal, y no hay necesidad de tratar un recuerdo bajo como un problema que corregir.

¿Cuántas personas recuerdan sus sueños? — Oneirica