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¿Qué son los sueños? Definiciones y criterios operativos

Un sueño es una experiencia que ocurre mientras dormimos y que la persona puede relatar al despertar: una definición que la ciencia del sueño trata como una construcción operativa, no como un hecho ya resuelto sobre el cerebro. Este artículo expone qué se considera un sueño, por qué soñar no se limita al sueño REM, cómo estudian los investigadores algo que solo se conoce por lo que la persona relata al despertar y qué sigue siendo genuinamente desconocido acerca de por qué soñamos.

Última revisión científica ·

Casi todo el mundo sueña, y casi todo el mundo da por sentado que sabe qué es un sueño... hasta que intenta definirlo con precisión. ¿Un sueño es solo esa aventura vívida, con forma de relato, que recuerdas al despertar, o también cuenta ese pensamiento a medio formar que tuviste mientras te quedabas dormido? ¿Sigue habiendo un sueño aunque nunca lo recuerdes? Y ¿dónde termina exactamente un sueño y dónde empieza el pensamiento común del dormir? Estas preguntas resultan más difíciles de lo que parecen, y la forma en que la ciencia del sueño las responde condiciona todo lo demás que puede decirse sobre soñar. Este artículo se propone una sola tarea: dar la definición práctica y los criterios que la investigación de los sueños realmente emplea —un sueño entendido como una experiencia durante el dormir, que se conoce a través de lo que la persona relata al despertar—, mostrar por qué soñar no es solo un rasgo del sueño REM y mantenerse honesto sobre qué está resuelto y qué sigue abierto. Es una definición y un conjunto de criterios, no la teoría de ningún pensador en particular, ni una guía para interpretar qué significan tus sueños.

¿Qué se considera un sueño?

En la ciencia del sueño y de los sueños, lo mejor es definir un sueño por la experiencia y su relato, y no por un único estado cerebral. Un sueño es algo que se vive mientras dormimos —imágenes, sensaciones, pensamientos, emociones, a veces una escena entera que se va desplegando— y que quien duerme puede describir al despertar. Es una definición deliberadamente modesta: no dice para qué sirven los sueños, en qué parte del cerebro surgen ni qué significan; solo fija de qué hablan los investigadores cuando estudian el acto de soñar. Dentro de ese marco, no todos los sueños son lo mismo. En un extremo están las experiencias ricas y envolventes que, mientras duran, se sienten como estar en algún lugar y hacer algo; en el otro extremo están los retazos tenues de actividad mental, más parecidos a un pensamiento: esa vaga impresión, al despertar, de que 'apenas estabas pensando en el día siguiente'. A ese material más tenue los investigadores suelen llamarlo actividad mental durante el sueño (en inglés, sleep mentation) y reservan la palabra soñar para las experiencias más plenas y envolventes, pero la línea que los separa es una cuestión de grado, no una frontera nítida. Un intento influyente de precisar ese mínimo —el modelo de la alucinación espaciotemporal inmersiva, propuesto por la filósofa Jennifer Windt— entiende soñar como la sensación vivida de estar presente en un mundo mientras se duerme. Es uno de varios marcos conceptuales útiles, ofrecido aquí para mostrar cómo se debate la definición, no como la última palabra.

Sueño (definición operativa)
Una experiencia que ocurre durante el sueño —imágenes, sensaciones, pensamientos o emociones, hasta una escena entera que se va desplegando— y que quien duerme puede relatar al despertar. Se define por la experiencia y su relato, no por un estado cerebral concreto ni por lo que el sueño pudiera significar.
Actividad mental durante el sueño (sleep mentation)
Actividad mental más tenue y parecida al pensamiento que ocurre durante el sueño, como el vago recuerdo de haber estado dándole vueltas a algo. Los investigadores suelen distinguirla del soñar más pleno y envolvente, aunque una y otro se funden gradualmente en lugar de separarse con nitidez.

Soñar es más que el sueño REM

Una de las ideas más persistentes sobre los sueños es que pertenecen al sueño REM: la fase de movimientos oculares rápidos (en inglés, rapid eye movement) que en 1953 se demostró por primera vez que reaparece con regularidad a lo largo de la noche y que coincide con recuerdos vívidos de los sueños. Aquel hallazgo dio inicio al estudio fisiológico moderno del dormir y del soñar, y por un tiempo compuso una historia ordenada: soñar era lo que el cerebro hacía durante el REM. La historia no resistió una mirada más de cerca. Desde comienzos de los años sesenta, estudios de laboratorio que despertaban a las personas en distintos momentos de la noche descubrieron que quienes eran despertados desde el sueño no REM (NREM) también relataban sueños: a veces menos vívidos, pero experiencias oníricas reconocibles al fin y al cabo. Trabajos posteriores con EEG de alta densidad (electroencefalografía, el registro de la actividad eléctrica del cerebro) reforzaron el punto. Resulta que los sueños pueden recogerse a lo largo de todo el ciclo del dormir, y no solo activarse durante el REM. (Cómo funcionan las propias fases REM y NREM, y cómo se alternan a lo largo de la noche, es tema de otro artículo de Oneirica sobre las fases y la arquitectura del sueño; aquí solo importan en la medida en que inciden en qué es un sueño.)

El sueño se conoce a través del relato

Este es el rasgo que vuelve tan singular el estudio de los sueños: nadie puede observar un sueño desde afuera. Un sueño se conoce sobre todo a través del relato que la persona da al despertar, lo que lo convierte en una construcción basada en el relato (en inglés, report-based construct): los investigadores infieren que hubo un sueño, y qué contenía, a partir de lo que alguien recuerda y describe. Esto tiene una consecuencia importante para quien sospecha que 'no sueña'. El recuerdo de los sueños varía muchísimo de una persona a otra y depende en gran medida de cómo y cuándo se la despierta; alguien que en su casa rara vez recuerda un sueño puede dar un relato detallado si se lo despierta directamente del sueño en un laboratorio. Así que no recordar un sueño no prueba que no haya habido ninguno: la ausencia de recuerdo no es ausencia de sueños. Con qué frecuencia recuerda la gente sus sueños, y qué hace subir o bajar esa tasa, es un tema rico por sí mismo, y Oneirica lo trata aparte en su artículo sobre la frecuencia del recuerdo de los sueños; lo único que conviene retener aquí es el punto metodológico: el sueño que estudiamos es el sueño que llega a relatarse.

En busca de la huella cerebral del sueño

Si soñar es una experiencia real durante el sueño, ¿deja alguna huella detectable en el cerebro? Un estudio muy comentado, hecho con EEG de alta densidad, informó que la presencia de sueños —tanto en el sueño REM como en el NREM— se asociaba con una caída local de la actividad eléctrica de baja frecuencia en una región posterior de la corteza, que sus autores describieron como una 'zona caliente' posterior (en inglés, posterior 'hot zone'), es decir, una región en la parte de atrás de la corteza cerebral. Fue un resultado atractivo, pues parecía ofrecer una huella neuronal que seguía el rastro del soñar en tiempo real. Pero conviene leer hallazgos así con cuidado y con honestidad. Un comentario publicado en 2020 sostuvo que esa asociación quizá refleje el recuerdo del sueño —si la persona logra o no relatar un sueño— más que el soñar en sí, y que los trabajos posteriores solo han reproducido el patrón en parte. Vista así, la cuestión es que los correlatos neuronales del soñar todavía no se han identificado, sino apenas propuesto. Es justo el tipo de hallazgo que conviene tomar con cautela, sin darlo por sentado: genuinamente interesante, en plena investigación y no resuelto. El resumen honesto es que soñar se asocia con una actividad cerebral distintiva, que una 'zona caliente' posterior es una candidata, y que todavía no puede darse por establecida ninguna huella neuronal del soñar.

¿Por qué soñamos? Teorías, no consenso

Definir qué es un sueño no zanja por qué los tenemos, y en esa pregunta más amplia la ciencia del sueño no tiene una respuesta consensuada. Lo que tiene, en cambio, es un conjunto de modelos que compiten entre sí, cada uno esclarecedor y ninguno consagrado como el consenso. La hipótesis de la protoconciencia, asociada al investigador del sueño J. Allan Hobson, vincula el sueño REM y el soñar con una forma primitiva e innata de conciencia sobre la que se apoya el cerebro despierto. El modelo de la alucinación espaciotemporal inmersiva, de Windt, aborda el soñar desde la filosofía y se pregunta qué debe estar presente, como mínimo, para que una experiencia cuente siquiera como un sueño. La teoría neurocognitiva, desarrollada por G. William Domhoff, entiende el soñar como el producto de sistemas cognitivos y subraya que el contenido de los sueños, estudiado en muchas personas, tiende a hacer eco de las preocupaciones y actividades de la vida cotidiana de la persona cuando está despierta, un patrón amplio que suele llamarse continuidad. Esa continuidad es una tendencia a nivel de grupo, no una clave de descifrado: no autoriza a rastrear un sueño concreto hasta una causa concreta de la vigilia, y no se ha establecido empíricamente ningún diccionario de símbolos oníricos —ni universal ni personalizado— que sirva para descifrar el sueño de un individuo. Cada uno de estos enfoques explica una parte del cuadro; que alguno de ellos explique por qué soñamos sigue siendo una pregunta científica abierta.

DimensiónSoñar más pleno y envolventeActividad mental más tenue del sueño
Cómo se sienteLa sensación vivida de estar presente en un mundo, con imágenes, acción y emociónActividad escueta, parecida al pensamiento: darle vueltas a algo, ideas a medias, poca o ninguna escena
Relato típico al despertarUna historia que puede contarse o una escena vívida'Solo estaba pensando en algo', con pocos detalles
A lo largo de las fases del sueñoFrecuente en el REM, pero también se relata tras despertares en NREMSe asocia más a menudo con el sueño ligero o no REM
Qué pueden inferir los investigadoresUn caso claro de soñar, para analizar su contenido y estructuraUn caso límite que pone a prueba dónde debería ubicarse la definición de sueño
El soñar más pleno y la actividad mental más tenue del sueño, de un vistazo: un continuo, no un interruptor

Ideas equivocadas frecuentes

  • Que los sueños ocurren solo en el sueño REM. Desde los años sesenta se han recogido relatos de sueños en el sueño NREM; el REM se asocia con fuerza al soñar vívido, pero no es el único territorio de los sueños.
  • Que no recordar un sueño significa que no soñaste. El recuerdo varía muchísimo entre personas y según cómo te despiertan; recordar poco no es lo mismo que no haber soñado.
  • Que la ciencia ha localizado con exactitud de dónde salen los sueños en el cerebro. Al soñar se asocia una actividad cerebral distintiva, y una 'zona caliente' posterior es una de las propuestas, pero todavía no se ha establecido ninguna huella neuronal del soñar.
  • Que existe un diccionario fijo y universal de símbolos oníricos. Ninguna clave de símbolos así ha sido validada empíricamente; la continuidad general con lo que la persona vive despierta es un patrón a nivel de grupo, no una clave para leer un sueño en particular.
  • Que una sola teoría ya resolvió por qué soñamos. Compiten varios modelos serios, y la función del soñar, si es que tiene alguna, sigue genuinamente sin resolver.

Lo que sabemos

  • Un sueño puede definirse de forma operativa como una experiencia durante el sueño que quien duerme puede relatar al despertar: es la definición con la que trabaja la investigación de los sueños.
  • Soñar no se limita al sueño REM; los despertares en NREM también dan relatos de sueños, un hallazgo reproducido desde los años sesenta.
  • Como los sueños se conocen a través de los relatos, el recuerdo varía entre personas, y no recordar un sueño no significa que no haya habido ninguno.
  • Soñar se asocia con una actividad cerebral distintiva, y varias teorías rivales intentan explicar por qué soñamos.

Lo que no sabemos

  • Por qué soñamos, y qué función cumple el soñar (si es que cumple alguna), sigue sin resolverse.
  • Si los correlatos neuronales propuestos, como la 'zona caliente' posterior, se sostendrán es algo no establecido; hasta ahora la replicación es solo parcial.
  • Dónde está exactamente la frontera entre el soñar más pleno y la actividad mental más tenue del sueño es objeto de un debate en curso.
  • Hasta qué punto el contenido de un sueño concreto puede vincularse con causas específicas de la vigilia se entiende solo en parte, y ningún método descifra de forma fiable un sueño individual.

Cómo pensar en tus propios sueños

Lo más útil que ofrece esta definición es una especie de honestidad medida. Un sueño es una experiencia real —algo ocurrió de verdad en tu mente mientras dormías, y vale la pena tomarlo en serio—, pero las preguntas más profundas de por qué ocurrió, qué significa y cómo se corresponde con tu cerebro siguen, científicamente, abiertas. Sostener las dos mitades a la vez te mantiene lejos de las dos trampas habituales: descartar los sueños como ruido sin sentido, y leer de más en ellos, como si fueran mensajes en clave a la espera de ser descifrados. Si quieres profundizar en Oneirica, hay temas relacionados que retoman los hilos que aquí quedaron sueltos: las fases y la arquitectura del sueño sobre las que se monta el soñar, por qué el recuerdo de los sueños varía tanto de una persona a otra, el caso especial de darse cuenta de que uno está soñando en los sueños lúcidos, y qué puede y qué no puede decir la investigación actual sobre por qué soñamos siquiera. Un sueño, al final, es más fácil de tener que de definir, pero es una definición clara y modesta la que hace posible estudiar todo lo demás sobre el soñar.

¿Qué es un sueño, en palabras simples?

Un sueño es una experiencia que tienes mientras duermes —imágenes, sensaciones, pensamientos o una escena entera que se va desplegando— y que puedes relatar al despertar. La ciencia del sueño lo define por esa experiencia y su relato, no por un único estado cerebral, y lo trata como algo para estudiar y no como un mensaje que descifrar.

¿Los sueños ocurren solo durante el sueño REM?

No. El sueño REM se asocia con fuerza al soñar vívido, pero desde los años sesenta los investigadores también han recogido relatos de sueños de personas despertadas del sueño no REM (NREM). Conviene pensar el soñar como algo que puede ocurrir a lo largo de todo el ciclo del sueño, y no como un fenómeno exclusivo del REM.

Si no recuerdo mis sueños, ¿significa que no sueño?

Para nada. Como los sueños solo se conocen a través de lo que la gente relata al despertar, y el recuerdo varía mucho entre personas y según cómo te despiertan, recordar poco no prueba que no hayas soñado. Quienes sienten que 'nunca sueñan' a menudo dan relatos detallados cuando se los despierta directamente del sueño.

¿Han descubierto los científicos de dónde salen los sueños en el cerebro?

No de forma definitiva. Soñar se asocia con una actividad cerebral distintiva, y un estudio con EEG de alta densidad propuso una 'zona caliente' posterior vinculada al soñar. Pero un comentario posterior sostuvo que esto quizá siga el rastro del recuerdo del sueño más que del soñar, y la replicación ha sido solo parcial, así que todavía no se ha establecido ninguna huella neuronal del soñar.

¿Por qué soñamos?

No hay consenso científico. Compiten varias teorías serias —desde las que vinculan el soñar con una forma básica de conciencia hasta las que lo entienden como un producto de la cognición que hace eco de las preocupaciones de la vida diaria— pero la función del soñar, si tiene alguna, sigue siendo una pregunta abierta.